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EMOCIÓN VS CHANTAJE EMOCIONAL

Todos los que tenemos la tarea de acercar las marcas a las personas, comprendemos que la emoción no es un atajo, es una avenida principal.

Entendiendo la emoción como todo el abanico de sensaciones que hacen sonreír, recordar, desear, sorprender o lagrimear.

Pero así como hay bromas que nos hacen reír y otras que nos parecen tontas o incluso ofensivas, lo mismo pasa con las emociones que buscan la lágrima, o erizar la piel.

Como muchas cosas en la vida, a la hora de trabajar sobre la emoción en publicidad, podríamos decir que en la generación de emociones, también aplica el paradigma proyectual de “menos es más”.

El secreto no es otro que saber encontrar un equilibrio.

Esto parece sencillo pero no lo es. Prueba de ello son los esfuerzos de comunicación que afloran cada año en el Día de la Madre, Navidad, fechas patrias, Mundiales de fútbol e incluso los “deadlines” de inscripción a los festivales creativos publiciarios.

En cualquier caso, el reto es y sera siempre de qué manera integramos la emoción, como objetivo para el mercadeo, sin caer en el chantaje emocional.

Tener o aprender esa pericia de no hundir el acelerador al punto que ya no puedas doblar la curva y termines con las ruedas para arriba en una zanja.

Saber de qué manera entrar a la velocidad justa, y dar la curva con elegancia, generando un movimiento fluído, y creando en quienes contemplan nuestra obra, una pequeña caricia al corazón.